Diez estudiantes de 4º de la ESO viaja a Italia con el programa Erasmus+
Del 11 al 19 de mayo, un grupo de 10 estudiantes de 4º de la ESO de nuestro instituto vivió una de esas experiencias que marcan un antes y un después: la movilidad Erasmus+ a Cittanova, en el sur de Italia. Tras haber ejercido de magníficos anfitriones en Sangüesa el pasado mes de abril, llegó el momento de colgarse la mochila, cruzar el Mediterráneo y sumergirse de lleno en el día a día calabrés. El viaje ha sido un torbellino de emociones, madurez y, sobre todo, una experiencia llena de contrastes cotidianos que les ha enseñado a adaptarse y a mirar el día a día con otros ojos.
Una de las cosas que más ha impactado a nuestros alumnos ha sido comprobar cómo es el día a día dentro de las aulas italianas, un sistema que difiere bastante de nuestra rutina en Navarra. Evelin Avram destaca, por ejemplo, la sorpresa que supuso encontrarse con exámenes orales públicos en asignaturas donde jamás se lo habría imaginado, además de una distancia mucho más formal con el profesorado, detallando que en una de las clases entró el director y todos los alumnos automáticamente se levantaron y pronunciaron unas palabras antes de volver a sentarse. Por su parte, Nora Bandrés descubrió que allí se madruga más para salir a la una del mediodía, pero que ¡tienen clase los sábados!, y que en lugar de elegir asignaturas como en España, eligen directamente la modalidad de centro al que asisten, ya sea el científico, el clásico o el artístico.
Paradójicamente, frente a esa rigidez formal, en la rutina diaria descubrieron una flexibilidad total que aquí nos llamaría la atención. Ander Los Arcos, Elena Sanz y Lucía Pérez coinciden en que las clases se viven con mucha más libertad: no existe un recreo estipulado, por lo que comen en el aula cuando tienen hambre, y el uso del móvil está normalizado para hacer actividades como Kahoots. Al final, como resume Samuel Navarro con un punto de humor y mucha perspectiva, este contraste también sirve para “que aprendas a valorar lo que tienes y que igual el instituto de Sangüesa igual es mucho mejor de lo que realmente pensamos”.
Convivir en un país extranjero también implica enfrentarse a retos cotidianos y salir de la zona de confort. Para la mayoría, el principal desafío fue la comunicación con las familias de acogida cuando el inglés no era una opción. Helena Díez nos cuenta que lo solucionó “intentando hablar con gestos y hablando inglés más despacio”, mientras que Samuel optó por una vía más directa: hablarles en español porque, al fin y al cabo, el italiano y el castellano se acaban encontrando. Para Chakir Makhloufi, en los momentos más apurados, el traductor del móvil se convirtió en el mejor aliado. El otro gran reto fue el ritmo italiano, su peculiar gestión del tiempo y un tráfico caótico que dejó a más de uno con la boca abierta. Elena, que se considera muy puntual, confiesa que su mayor esfuerzo fue asimilar los retrasos y entender que simplemente debía adaptarse a su estilo de vida. Incluso hubo pequeños imprevistos logísticos que ahora recuerdan entre risas, como cuando Ander y Chakir se pasaron de estación en el tren y tuvieron que llamar a sus compañeros italianos al rescate.
Pero más allá de las aulas y los horarios, lo que de verdad ha dejado huella en los chicos han sido los momentos compartidos. La jornada de paintball en grupo se convirtió en la actividad estrella para romper el hielo y hacer piña entre españoles e italianos, al igual que las excursiones a pueblos costeros espectaculares como Scilla o las cenas improvisadas. Los vínculos humanos que se han creado en apenas una semana han sido fortísimos. Evelin recuerda con mucha emoción la despedida final en las casas, describiéndolo como “un momento muy duro pero muy bonito” en el que “hubo incluso lágrimas” y un sentimiento muy especial que siempre se guardará en su corazón. En esa misma línea, Helena resume el calor de la acogida con una frase preciosa: “Habré estado lejos de casa, pero mis amigas y mis nuevas amigas italianas me hicieron sentir que seguía en ella”.
Nuestros diez estudiantes vuelven a Sangüesa con la maleta llena. En el plano académico regresan con mucha más fluidez, menos vergüenza a la hora de soltarse con el inglés y un buen puñado de palabras en italiano. En el plano personal, se traen una dosis extra de autonomía, madurez y una gran capacidad de adaptación. Si tuvieran que dar un consejo a los futuros alumnos que se embarquen en un Erasmus+, lo tienen claro: que mantengan la mente abierta, que no sobrepiensen las cosas si algo sale mal al principio y que aprovechen cada minuto porque el tiempo vuela.
La recomendación es unánime y absoluta. Daniela Gárate lo resume perfectamente al decir que “es una experiencia muy bonita y diferente, ya que conoces diferentes culturas y tradiciones”, y Chakir lo sentencia asegurando que ha sido “la mejor experiencia” de su vida. Nos quedamos con algunas de las frases con las que han resumido este viaje: desde el “Una semana, mil recuerdos” de Daniela, pasando por el “Un erasmus en Italia te asegura amistades y experiencias para siempre” de Elena, hasta la preciosa conclusión de Nora, que define esta movilidad como “una aventura increíble, llena de aprendizaje, personas y recuerdos únicos”. ¡Bravo por nuestros embajadores Erasmus+!

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