Un gran broche de oro al curso: nuestros embajadores de 3º de la ESO en Polonia
Con las clases ya concluidas y nuestro alumnado disfrutando de unas merecidas vacaciones, toca echar la vista atrás antes de despedir definitivamente el curso académico. Del 18 al 24 de mayo, un grupo de 10 estudiantes de 3º de la ESO del IES Sierra de Leyre puso rumbo al norte de Europa para vivir su movilidad Erasmus+ en Polonia. Tras los lazos creados en abril en Sangüesa, esa semana de convivencia sirvió para afianzar amistades, descubrir paisajes espectaculares y experimentar un día a día escolar y familiar lleno de contrastes fascinantes que hoy recordamos como uno de los grandes broches de oro de este año.
El primer gran descubrimiento para nuestros alumnos ha sido el funcionamiento de las aulas polacas y el propio diseño de sus centros educativos. Pelayo Riezu se quedó asombrado al ver un instituto moderno y tecnológico, mientras que Uxia Leiro e Iker Usoz destacan las grandes dimensiones del centro y una estampa habitual en los pasillos: fuentes de agua y máquinas expendedoras para que el alumnado pueda picar algo entre horas. Pero si algo ha despertado la envidia sana de todo el grupo, son los tiempos de recreo. Nahia Carrasco, Alba Guerrero y Martina Suescun coinciden en la gran cantidad de pausas de las que disponen, detallando que disfrutan de unos 15 minutos de descanso entre clase y clase en salas especialmente acondicionadas. Jesús Pastor añade, además, que en esos descansos se puede ir a la biblioteca a jugar al ajedrez, o quedarse en el pasillo charlando tranquilamente.
En cuanto al nivel académico, las diferencias en las metodologías también han dado pie a la reflexión. Mientras Jesús observaba que las materias y los temas troncales son muy parecidos a los nuestros, Pelayo destaca el gran nivel que demuestran los estudiantes polacos en asignaturas como matemáticas o física y química. Además, el propio Pelayo reflexiona sobre los diferentes modelos de estudio, apuntando que el sistema español a veces nos orienta a memorizar a corto plazo para volcar el contenido en un examen, provocando que olvidemos lo aprendido al cabo de un año, algo que, a su juicio, no ocurre en el sistema polaco. Por su parte, Alba agradeció que el profesorado polaco los incluyera activamente en el aula con juegos y actividades muy dinámicas.
Sumergirse en las costumbres de los hogares polacos ha sido otro de los platos fuertes del viaje, y nunca mejor dicho. Jesús disfrutó enormemente de la gastronomía probando platos nuevos como el pepino con yogur o los tradicionales pierogi, y Jade Ágreda observó con curiosidad que allí las horas de las comidas son mucho más tempranas y saludables, y que, en lugar de encender la televisión en casa, las familias prefieren salir a dar un paseo o escuchar música a volumen bajo. Además, la hospitalidad polaca ha derribado por completo los estereotipos europeos de seriedad. Asier Zabaleta recalca especialmente la enorme amabilidad de todas las familias de acogida, y Martina, que se atrevió a probar un entrenamiento de voleibol sin saber jugar, descubrió que sus compañeras eran encantadoras y muy majas, contrastando con la idea preconcebida de que la sociedad polaca es excesivamente seria o directa.
Salir de Sangüesa sin los padres siempre supone un reto de autonomía y gestión de inseguridades. Al principio, el idioma impuso cierto respeto. Pelayo y Martina confiesan que sintieron miedo a bloquearse o a no tener un nivel de inglés suficiente, un reto que superaron simplemente lanzándose a hablar sin complejos. Jade y Jesús también tuvieron que vencer la timidez inicial de estar en una casa ajena, logrando la confianza necesaria con las familias a base de comunicarse y perder el miedo a hacer algo mal. Para otros, como Uxia, el verdadero reto está siendo gestionar la tristeza de la despedida tras decir adiós a unos amigos que siente que marcarán su vida tras todo lo que han compartido.
Sin embargo, el esfuerzo ha traído su recompensa: todos regresan con un inglés mucho más fluido, nociones de polaco y alemán, e incluso habiendo aprendido a coser o a bailar salsa. Martina se lleva, además, una gran lección de crecimiento personal, explicando que allí aprendió a dejar a un lado la vergüenza y a no preocuparse tanto por las opiniones de los demás, algo que le ha ayudado a ganar madurez.
La semana nos deja recuerdos memorables, desde la adrenalina jugando al paintball o las tardes de confidencias alrededor de una gran hoguera con profesores y familias, hasta las espectaculares visitas a Varsovia. Alba se confiesa fascinada por el esfuerzo histórico de reconstrucción de la capital tras la Segunda Guerra Mundial, y Jade guarda como su mejor día el paseo nocturno junto a los puentes iluminados. Para Iker, la visita a un campo de concentración supuso un gran impacto y un aprendizaje que jamás olvidará, mientras que Jesús se guarda en el corazón el último día, cuando su familia de acogida le entregó una emotiva carta de agradecimiento escrita en polaco, inglés y español.
Nuestros alumnos de 3º regresan con la madurez que da el haber vivido una experiencia inolvidable. Si tuvieran que dar un consejo a las próximas generaciones Erasmus+, lo tienen claro: mente abierta, no tener miedo a equivocarse al hablar y probar absolutamente todo lo que se les proponga. Nos quedamos con los lemas con los que ellos mismos han resumido este viaje: el binomio de “amistad y superación” que destaca Pelayo, la certeza de Iker de haber vivido “una experiencia inolvidable que siempre llevaré conmigo”, o el balance de Martina: “Una experiencia única que me hizo crecer y aprender”. ¡Enhorabuena a nuestros diez viajeros!
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