Estudiantes de nuestro centro viven una experiencia única de internacionalización gracias al programa Erasmus+
Del 26 de noviembre al 2 de diciembre, un grupo de trece estudiantes de nuestro centro, acompañados por dos profesores, vivieron una aventura inolvidable en Noruega gracias al programa de movilidad Erasmus+, cofinanciado por la Unión Europea. Esta experiencia ha sido clave para potenciar la competencia plurilingüe, entender la diversidad como nexo de enriquecimiento y avanzar en la internacionalización de nuestro centro. Los alumnos convivieron con estudiantes noruegos, asistieron a clases y participaron en actividades únicas como patinar sobre un lago helado. A su regreso, nos han compartido sus impresiones, aprendizajes y los momentos que, sin duda, les han marcado para siempre.
Uno de los aspectos que más sorprendió a los estudiantes fue el contraste con la cultura educativa española, especialmente la gran libertad de la que disfrutan los alumnos noruegos en el centro. Inés Sousa observó que “tenían muchísima libertad en todos los ámbitos y los horarios para comer eran muy diferentes”. Esta flexibilidad, que incluye numerosos descansos, se basa en una profunda confianza mutua. Mayra Cervera reflexionó sobre este punto clave: “Tienen mucha libertad en el colegio pero porque son muy respetuosos”. Además, Esther Sola destacó una metodología dinámica donde el trabajo en equipo fluye de manera natural, algo que permitió a nuestros alumnos practicar la colaboración de una forma nueva y efectiva.
En el ámbito personal y académico, el legado más valioso de la movilidad fue el desarrollo de nuevas competencias y la autonomía. Casi todos los estudiantes resaltaron la mejora de su fluidez en inglés, una habilidad que se potencia al tener que “estar todo el rato relacionándose por medio del inglés”, como explica Saioa Zabaleta. Iara Pires añadió que la experiencia le sirvió para ser consciente de su nivel y practicar con gente con gran dominio del idioma. Por su parte, Naroa Ibero destacó cómo la movilidad le enseñó resiliencia ante situaciones inesperadas: “La experiencia me enseñó autonomía al tener que organizarme y adaptarme a nuevas circunstancias, desarrollando confianza para enfrentar desafíos inesperados”. Además, la experiencia les permitió una mejor comprensión de la cultura noruega, descrita por Beatriz Almeida como una cultura de personas “muy trabajadoras y que buscan hacer todo lo mejor posible”.
Entre las actividades más memorables, las experiencias en la nieve generaron recuerdos imborrables. La jornada de esquí alpino fue un punto álgido donde la ayuda mutua fue esencial. Naroa Ibero recuerda entre risas las caídas colectivas al subir por primera vez en telesilla. Imanol Primo menciona como un momento mágico “patinar en un lago en medio de la nada, quitando la nieve que había encima con palas”. La convivencia ayudó a muchos a superar barreras personales; Mateo Chiriboga compartió que superó su timidez al hacerse amigo de los noruegos, y Mayra Cervera destacó lo rápido que se pierde el miedo a equivocarse al hablar cuando el ambiente es tan acogedor.
Si tuvieran que darle un consejo a futuros participantes de Erasmus+, el mensaje es claro: socializar y sumergirse por completo. Inés Sousa aconseja hablar con todo el mundo y no tener vergüenza, ya que el tiempo con los anfitriones es corto y valioso. Mayra Cervera coincide plenamente: “Que no tengan vergüenza de hablar, cuanto antes empieces, mejor”. Los alumnos destacan que es vital mantener la curiosidad y la flexibilidad para adaptarse a situaciones nuevas, desde la gastronomía hasta los horarios, ya que cada reto es una oportunidad de crecimiento personal y profesional.
La valoración final de la experiencia es unánime. Todos los participantes la recomiendan, pues es “una experiencia que sin lugar a dudas te marca, y de la cual te vas a acordar toda la vida” afirma Beatriz Almeida. Más allá del aprendizaje académico, esta movilidad ha servido para estrechar lazos europeos y descubrir que, al acercarnos a su cultura y sus vivencias, nos une mucho más de lo que nos diferencia. Sentirse parte de Europa es entender que compartimos valores y metas comunes. Gracias al esfuerzo de Amaia, Joselu y todo el equipo de profesores del instituto, nuestros alumnos vuelven con una mente más abierta y, como resume Leyre Carmona, con el recuerdo de haber vivido “la mejor semana de mi vida”.
Deja una respuesta